miércoles, 30 de abril de 2014

Sherlock Holmes, un hombre de negocios





Ningún período histórico ha valorado tanto la improvisación creativa como el actual. La tasa de cambio es tan vertiginosa que ha legitimado la carencia total de estructuras para la  resolución de problemas.

En el ámbito PyMe, particularmente, los mandos medios han estado influenciados por esta tendencia hasta encontrarse en un estado de deriva permanente sin conocer origen ni destino.

Nada se profundiza demasiado, ni se investiga demasiado y existe un requerimiento compulsivo por conseguir ingresos que sostengan y mantengan a las compañías en época de crisis.

La explosiva mezcla entre necesidad apremiante, manejo deficiente del tiempo que impide la capacitación y desconocimiento de las necesidades del mercado en muchas ocasiones ha producido el regreso a antiguas conductas de trabajo.
           
Hace mucho tiempo las empresas producían bienes y luego de alcanzar cierto nivel de  producción se enfocaban en colocar dichos bienes "generando" la necesidad en los clientes.

En los últimos 40 años la tendencia a nivel mundial ha sido bastante diferente. En primer lugar se identificaron las necesidades como tensiones que no se crean de manera externa, sino que existen previamente a la gestión comercial. La idea de "generar necesidades" se transformó en "identificar necesidades" y, posteriormente "orientar el deseo" siendo este último, una de las maneras de satisfacer la necesidad.

En este marco, no tiene mucho sentido producir bienes y luego buscarles el consumidor. El enfoque en el cliente y en la creación de valor construyen una idea diferente: Producir lo que quiere el cliente en vez de pretender que el cliente quiera lo que producimos.

Las investigaciones de mercado son análisis para poder determinar qué quiere y necesita el cliente para poder definir nuestro producto y acotar el margen de error en nuestra inversión.

Antes de desarrollar cualquier negocio, es conveniente convertirse en investigador y poner a prueba nuestra apertura mental y capacidad perceptiva de las necesidades existentes y así proponer un objeto de deseo que pueda cumplir con las mismas.

Ese objeto de deseo capaz de satisfacer una necesidad de potenciales clientes no es ni más ni menos que el alma de nuestro producto o servicio, el fin de la actividad de marketing.


Antes de invertir, fabricar, vender y garantizar…incluso, antes de pensar creativamente, hay que investigar. 



Gerardo Damián Amado
Licenciado en Marketing

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