Frases como “No
me alcanza el tiempo”, “Solamente lo puedo hacer yo” y “Quiero hacerlo pero mi jefe
no me deja, estoy tapado/a de trabajo” son escuchadas internamente en muchas
empresas. Son indicadores, síntomas o señales de una dificultad para poder
administrar tareas en el tiempo.
¿Es una patología
permanente?
Afortunadamente, no. Pero sí tienen una fuerte componente
psicológica. Lo que se antepone entre la persona y la optimización de tareas es
su propia mente. La mente es un campo dinámico infinitamente expandible y capaz
de establecer mecanismos constructivos y destructivos de manera integrada.
La primera
cuestión a transitar, si estamos interesados en administrar mejor el tiempo, es
preguntarnos si “estamos dispuestos”. Parece una pregunta salida del budismo
zen, pero el primer paso para la solución de un problema es identificarlo. Si
creemos que el tiempo “no alcanza” salimos de mal puerto. El tiempo no se
controla y no vamos a poder expandirlo. Las tareas en el tiempo son la variable
controlable. Si no podemos realizar las tareas en un tiempo estipulado
significa que estamos tratando de realizar más tareas de las que factiblemente
son viables o que somos tremendamente ineficientes en su ejecución.
La segunda
cuestión desprendida de estas dos últimas conclusiones es que la segunda es
responsabilidad nuestra y la primera…, también. Muchas veces pretendemos ser
escuchados con la intención de que venga alguien a salvarnos y le diga a
nuestros superiores o clientes que disminuyan la cantidad de tareas, pero eso
no ocurrirá. Existen mecanismos como la matriz urgencia-importancia para
ayudarnos a determinar cómo canalizar las tareas para no taparnos. Si, por otro
lado se trata de un tema de eficiencia, también se dispone de mecanismos para
mejorar el rendimiento pero ambas cuestiones están en nuestras manos.
Salir del centro
de atención, la tercera disciplina. El victimizarnos ante el reloj, el
mostrarnos como personas ocupadas por demás, el definir nuestras tareas como
importantes y urgentes siempre, nos pone
en un centro que habitualmente está apoyado en falta de confianza en nosotros
mismos. Sentir que formamos parte de una red de soluciones es construir
confianza en nuestra parte del proceso y en la de los demás, afianzando los
vínculos de cooperación.
Ser ordenado,
disciplinado, sistemático son cuestiones que se desarrollan con práctica y
esmero cuando se tiene un firme norte adonde apuntar. Esta cuarta condición
parece más utópica que las demás pero no es casual que esté luego de las otras
tres. La optimización de tareas es un camino que requiere mucho trabajo
interior y conductual. No existen soluciones mágicas ni métodos libres de
improvisación creativa.
Lo que parece una
disciplina de la vida laboral puede aplicarse a diferentes aspectos de la
cotidianeidad. En muchas ocasiones, las personas que presentan dificultades con
la gestión del tiempo se sienten también abrumadas en el ámbito familiar, de
pareja o social.
El impulso hacia el cambio tiene como valor último el mejorar nuestra calidad de vida.
El impulso hacia el cambio tiene como valor último el mejorar nuestra calidad de vida.
Licenciado en Marketing


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