miércoles, 9 de abril de 2014

Atrapando al Conejo Relojero de Alicia



Frases como “No me alcanza el tiempo”, “Solamente lo puedo hacer yo” y “Quiero hacerlo pero mi jefe no me deja, estoy tapado/a de trabajo” son escuchadas internamente en muchas empresas. Son indicadores, síntomas o señales de una dificultad para poder administrar tareas en el tiempo.

¿Es una patología permanente?
Afortunadamente, no. Pero sí tienen una fuerte componente psicológica. Lo que se antepone entre la persona y la optimización de tareas es su propia mente. La mente es un campo dinámico infinitamente expandible y capaz de establecer mecanismos constructivos y destructivos de manera integrada.

La primera cuestión a transitar, si estamos interesados en administrar mejor el tiempo, es preguntarnos si “estamos dispuestos”. Parece una pregunta salida del budismo zen, pero el primer paso para la solución de un problema es identificarlo. Si creemos que el tiempo “no alcanza” salimos de mal puerto. El tiempo no se controla y no vamos a poder expandirlo. Las tareas en el tiempo son la variable controlable. Si no podemos realizar las tareas en un tiempo estipulado significa que estamos tratando de realizar más tareas de las que factiblemente son viables o que somos tremendamente ineficientes en su ejecución.

La segunda cuestión desprendida de estas dos últimas conclusiones es que la segunda es responsabilidad nuestra y la primera…, también. Muchas veces pretendemos ser escuchados con la intención de que venga alguien a salvarnos y le diga a nuestros superiores o clientes que disminuyan la cantidad de tareas, pero eso no ocurrirá. Existen mecanismos como la matriz urgencia-importancia para ayudarnos a determinar cómo canalizar las tareas para no taparnos. Si, por otro lado se trata de un tema de eficiencia, también se dispone de mecanismos para mejorar el rendimiento pero ambas cuestiones están en nuestras manos.

Salir del centro de atención, la tercera disciplina. El victimizarnos ante el reloj, el mostrarnos como personas ocupadas por demás, el definir nuestras tareas como importantes y urgentes siempre,  nos pone en un centro que habitualmente está apoyado en falta de confianza en nosotros mismos. Sentir que formamos parte de una red de soluciones es construir confianza en nuestra parte del proceso y en la de los demás, afianzando los vínculos de cooperación.

Ser ordenado, disciplinado, sistemático son cuestiones que se desarrollan con práctica y esmero cuando se tiene un firme norte adonde apuntar. Esta cuarta condición parece más utópica que las demás pero no es casual que esté luego de las otras tres. La optimización de tareas es un camino que requiere mucho trabajo interior y conductual. No existen soluciones mágicas ni métodos libres de improvisación creativa.

Lo que parece una disciplina de la vida laboral puede aplicarse a diferentes aspectos de la cotidianeidad. En muchas ocasiones, las personas que presentan dificultades con la gestión del tiempo se sienten también abrumadas en el ámbito familiar, de pareja o social.

El impulso hacia el cambio tiene como valor último el mejorar nuestra calidad de vida.



Gerardo Damián Amado
Licenciado en Marketing

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