miércoles, 9 de julio de 2014

Los números atrás de las estructuras


Hace un par de post prometí avanzar sobre conceptos económicos y financieros para definir un precio (Ver El escalón...). En particular, el lanzamiento de un producto nuevo y su correspondiente precio se encuadran en una situación más general que se da en muchos negocios: Los proyectos de inversión.

También hablé en otro post de la concreción de ideas (Ver El fracaso de los creativos...) y de la dificultad de cuantificar muchas veces las implicancias de un determinado proyecto.

Cuando buscamos “proyectos”, o “proyectos de inversión” en internet, nos encontramos con palabras tales como: coste de oportunidad, VAN, TIR, tasas de descuento, rentabilidad y rápidamente abandonamos los videos explicativos por encontrarlos muy engorrosos de seguir. Salvo casos excepcionales.

Vamos con un ejemplo simple:
Imaginemos que no tenemos dinero propio y sacamos un préstamo en el banco por $100 y que tenemos la feliz idea de ponerlo en un plazo fijo. Para hacer más simple el ejemplo imaginemos que lo hacemos de hoy para mañana. Pedimos $100 prestados y firmamos que devolveremos $140. Depositamos los $100 en un plazo fijo imaginario de un solo día y el banco nos entrega $126 a la mañana siguiente. Como prometimos $140 y nos dieron $126 no queda otra que pagar $14 al banco. Mal negocio.

Ahora supongamos que cuando nos prestan esos $100 pesos, volvemos a prometer $140 pero en vez de ponerlo en el plazo fijo que nos ofrecen decidimos comprar una lapicera y conseguimos que alguien nos pague $ 160 pesos por ella. Al día siguiente devolvemos los $140 y nos quedaron $20.-. Creo que esta vez nos fue mejor.

En el primer caso la tasa que nos cobra el banco es de $40 pesos sobre $100 (40/100=40%) y la tasa que paga por nuestro depósito es de $26/$100 es decir 26%. Para poder definir una tasa es preciso estipular también en que tiempo desde que se inmoviliza el valor ocurre ese gasto. En este ejemplo hipotético sería el 40% diario y 26% diario.

Cuando vendemos la lapicera, hallamos un negocio de 60% de rentabilidad que podemos ejecutar en un día. Y eso nos permitió ganar $20.

Decidir, implica elegir una opción entre varias. La ganancia que supuestamente hubiésemos obtenido por cada una de esas “varias” descartadas se conoce como “coste de oportunidad”. El coste de oportunidad es una rentabilidad supuesta que hemos perdido de ganar al optar por una opción diferente. En nuestro ejemplo, cuando poníamos el dinero en el plazo fijo nos perdimos de ganar unos supuestos $60 en lugar de $26.
¿Qué pasa si el comprador de la lapicera me quiere pagar dentro de 5 días? para poder devolver los $140 al banco tendré que pedir prestado el dinero a otra persona, digamos un prestamista, que me da $140 pero me pide que le devuelva $280 en 5 días. Cuando el comprador de la lapicera me entrega los 160 pesos…He perdido 120 pesos!!!. 

Esta nueva situación nos ilustra dos cosas: la primera es que el dinero hoy tiene más valor que el dinero 
recibido en el futuro y la segunda es que una pérdida de atención en las cuestiones temporales del dinero nos puede hacer perder mucho.

El primer supuesto consideraba que no teníamos dinero propio (cabe aclarar que nunca dijimos de donde sacamos los $20 y $120 pesos que perdimos, pero no seamos tan estrictos, es solamente un ejemplo simple). Todo el análisis tiene igual validez cuando utilizamos dinero propio. La diferencia radica en que vamos a comparar más los costes de oportunidad (opciones para invertir) que los costos del capital (incurrencias para obtener el dinero).

Cuando la situación se hace más real y los porcentajes no se aplican solamente sobre los 100 pesos, sino sobre los montos recargados de manera sucesiva y trabajamos con tasas efectivas, nominales, mensuales, anuales, etc. Se vuelve de vital importancia tener herramientas sólidas para poder analizar un negocio en el futuro…


Procesemos bien esto, que la seguimos el miércoles que viene…



Gerardo Damián Amado
Licenciado en Marketing

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