No cabe duda de que las relaciones interpersonales constructivas tienen una función amplificadora sobre los resultados de los individuos y las empresas.
En el caso particular de las relaciones que se construyen entre compañeros de trabajo, existe una de significativo interés que tiene como protagonistas a un "compañero de antes" o senpai (先輩) y a un "compañero de después" o kōhai (後輩). Se trata de una manera japonesa de transferir el conocimiento de una persona más experimentada a una menos experimentada o novicia en una relación de interdependencia. El kōhai aprovecha la sabiduría del senpai y el senpai desarrolla su responsabilidad a través de la nueva experiencia que representa interactuar con el kōhai.
La juventud, lo nuevo, lo fresco, implica una energía más intensa, más impulsiva, menos meditada y por consiguiente más torpe. Sin embargo, significa una potente fuente de energía y motivación que resulta contagiosa.
La experiencia, lo clásico, lo maduro, implica una energía más contemplativa, más meditada y racional y por consiguiente más lenta. Su principal aporte se materializa con una capitalización de la experiencia y una sabiduría muy pregnante.
Lo antiguo necesita de lo nuevo y lo nuevo aprende de lo antiguo. Esta forma tan armoniosa de relación vincular conduce a un equilibrio inestable que es fórmula y pilar de un crecimiento sostenido y constructivo.
En el inconsciente colectivo está grabada a fuego la entrañable forma del Sr Miyagi de la película Karate Kid. Las lecciones transferidas a Daniel San son ricas por su simplicidad y armonía con el medio . Sin embargo, puede apreciarse que el hombre deprimido que habita en él por la muerte de su esposa, experimenta una resurrección al adoptar a su nuevo alumno.
La filosofía de la relación senpai-kōhai puede ser perfectamente aplicada al trabajo entre occidentales. Los beneficios no se hacen esperar.
Gerardo Damián Amado
Licenciado en Marketing


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