miércoles, 25 de junio de 2014

El día después de mañana (pasado-mañana)


No dejes para mañana, lo que puedes postergar para siempre.

Cuando nos enfrentamos a una tarea compleja tendemos a buscar excusas para postergarla en lugar de medios para realizarla. Esto nos sucede por temor a los cambios, por la incomodidad que nos produce su ejecución o por escaparle a un posible fracaso. Se conoce como “procastización” al fenómeno de postergación crónica de tareas. Estamos ante este fenómeno cuando notamos que un mismo concepto se arrastra en nuestra lista de “to do” cada vez que necesitamos  pasarla  en limpio.

Algunas de las tareas más propensas a ser víctimas de procastización son las que consideramos complejas. Se trata de tareas cuya ejecución es muy extensa o que presentan dificultades para definir un algoritmo de resolución.

Para el caso de tareas muy extensas es recomendable dividirlas en pequeñas subtareas  de modo de ir resolviendo paso a paso. También es aplicable este método para tareas que son tediosas o nos producen aburrimiento.

Cuando es complejo determinar el orden que deberían tener las subtareas es recomendable comenzar por la parte más difícil, esto contribuye a hacer más llevadera su ejecución.

Por último, es recomendable no olvidar que cualquier tarea nos implica tomar decisiones. Las decisiones tienen, en general, un porcentaje de incertidumbre con el que debemos sintonizar. Recordar que no decidir, también es una decisión.

Existe una situación conocida como “descuido calculado” que consiste es postergar algo porque prevemos que se solucionará de manera espontánea. El descuido calculado es una forma de no decidir porque conocemos la naturaleza de la tarea y sabemos que no sobrevivirá a las actividades de otra parte de la organización o a las actividades implícitas en otra tarea ejecutada por nosotros.


El descuido calculado no es cualquier no-decisión. “Indecidir” implica daños colaterales siempre evitables y considerablemente mayores al de tomar una decisión en tiempo y forma.


Gerardo Damián Amado
Licenciado en Marketing

miércoles, 18 de junio de 2014

La reacción defensiva



Poniatowski, un mariscal de Napoleón, sostenía que la mejor defensa es un buen ataque. Sin embargo una buena táctica defensiva rusa provocó la reducción de las tropas de napoleón a un 2% de su conformación original.

El marketing es una rama desprendida de la administración y como tal tiene un origen muy militar. No es casual que se hablen de decisiones estratégicas, tácticas y operativas; que se analice la logística o que se comience todo con un plan de marketing.

Particularmente se conoce como Guerra de Mercadotecnia a las tácticas recomendadas para las distintas posiciones que adquieren las empresas dada una determinada participación de mercado.

En este modelo de marketing se considera que el líder de su mercado debería adquirir una actitud defensiva cuando sus competidores atacan. Quien no tiene nada que demostrar no debería hacer ninguna declaración, salvo como respuesta a los argumentos de los demás.

La creatividad, la percepción y un estado de equilibrio son una buena fórmula para obtener un crecimiento del negocio sostenible en el tiempo: disminuye los contraataques y favorece los buenos vínculos con las empresas que complementan el rubro en el que operemos.

En un mundo tendiente a la integración, a la negociación y a la armonización es una actitud que tiende a perdurar. Independientemente de que el modelo de guerra de mercadotecnia quede en desuso, el concepto defensivo en lo que respecta a los negocios parece una práctica bastante sana.


Gerardo Damián Amado
Licenciado en Marketing

martes, 10 de junio de 2014

¿Se puede programar la mente?


Hace algunos años se desarrolló en base a la observación de diferentes terapeutas exitosos de EUA un modelo de comunicación conocido como PNL (Programación Neuro-Linguística) que declaraba tener un método para cambiar la forma en que percibimos nuestras experiencias. Apoyándose en el paradigma lingüístico que establece un significado para cada significante, este modelo defendía la idea de que, con sucesivos diálogos, podía cambiarse el “mapa interno” de nuestra mente con el propósito de modificar actitudes o sensaciones no deseadas en el mundo real.

El modelo fue más allá estableciendo una clasificación de los individuos entre visuales, auditivos y kinestésicos (mezcla de tacto, gusto y olfato) y especificaba comportamientos típicos de estas características con el fin de utilizar los estímulos más apropiados para modificar ese mapa.
Luego, el modelo pasó a ser un método de modificación conductual, técnica para vendedores que querían vender más, manuales para amas de casa desesperadas e inclusive se llegaron a dictar cursos para seducir mujeres en los bares. Todos ellos pagando sumas exorbitantes de dinero y prometiendo el control total del universo circundante. Se ofrecían incluso descuentos para quien replicara la venta en otros trabajando bajo el esquema de “referidos”.

Algo de todo esto suena mal, ¿qué será?

Para empezar nada tiene de malo el identificar a terapeutas exitosos y averiguar cuáles son los métodos que utilizan para ayudar a sus pacientes. Generar un modelo psicológico tampoco parece algo poco profesional.

Muchos modelos clasifican personas, de hecho, las clasificaciones psicográficas son muy útiles para la definición de segmentos en investigaciones de mercado de marketing sin entrar en terrenos peyorativos.

Lo que me suena mal, por lo menos a mí, es la creación de un método que sirva para torcer voluntades o manipular personas. Estos modelos alcanzaron tanto “ego” que aseguraban cosas que terminaron convirtiendo a todo el tema en una pseudociencia new age.

La clave de por qué no funciona

Elija un individuo al azar, prepare su plan de manipulación y después de comenzar la conversación con un: “Voy a utilizar una técnica para que hagas lo que yo quiero”, comience el procedimiento. El fracaso está garantizado. Esto ocurre porque la mente es un campo dinámico, es el sistema más adaptativo que podamos encontrar y tiene su propio mecanismo de defensa.


Una conclusión: no existen caminos fáciles. Nunca pierda la conciencia.


Gerardo Damián Amado
Licenciado en Marketing

miércoles, 4 de junio de 2014

Go, Gadget !!! Go


Elegir un obsequio para un ser querido en ocasión de su cumpleaños constituye una tarea por demás agradable para la mayoría de las personas. Implica pensar en el otro positivamente y agasajarlo con un presente que sea representativo del aprecio que le tenemos. Sin embargo, es muy común también que se dificulte elegir el regalo. Conocer los gustos e intereses de la otra persona se vuelve importantísimo a la hora de determinar cuál es la mejor opción.

Imaginemos, ahora, que tuviéramos que elegir el regalo de todos nuestros seres queridos en un mismo día. La tarea, en este caso, se vuelve por demás dificultosa. Ahora perdamos la cabeza otro poco y pensemos en las personas “conocidas” como “seres queridos”. El número de regalos pasa a ser de algunos cientos, cuando no miles. Vamos a complicar la situación aún más: debemos regalarles a todas esas personas lo mismo. Dado que es una consigna global, lo  haremos todos al mismo tiempo, por ende nuestro regalo debe destacarse respecto del de los demás para ser, al menos, notado por nuestros agasajados.

El primer problema de nuestra difícil tarea es el hecho de que a todo el mundo no le gustan las mismas cosas. El segundo problema es que conocemos a demasiada gente y, por ende, el efectuar estos obsequios implica un desembolso importante de dinero de golpe. El tercer problema es que competimos con el ingenio de los demás…

Bienvenidos a nuestro reto del día de hoy: Elegir un gadget para nuestros clientes.

Lapiceras, gorros, pines, calendarios, agendas, valijas, llaveros, relojes, lapiceros, bolsas, etc. Nos invaden todos los años y son una costumbre, entre empresas, muy arraigada. Al punto que quien no entra en el juego de los regalitos, pierde protagonismo con sus clientes ya que se destaca por no haber invertido un céntimo en seducir y fidelizar a través de los mimos.

Algunos de los tips más importantes son:

Los gadgets son una inversión, no un gasto.
Deben ser armónicos con la cultura de la compañía que publicitan.
Es recomendable que duren, al menos, hasta ser reemplazados por el siguiente gadget.
Deben guardar coherencia con el rubro de la compañía.
Deben estar asociados con experiencias agradables para evocar gratas imágenes de la compañía.
Recurra a profesionales para su tratamiento. El manejo amateur puede producir mucho daño a la imagen corporativa.

La búsqueda del merchandizing adecuado es una tarea de profesionales de la creatividad y no debe ser menospreciada. Su diseño, claridad, congruencia y eficiencia económica constituyen una piedra fundamental en la comunicación con el cliente.



Gerardo Damián Amado
Licenciado en Marketing