No dejes para
mañana, lo que puedes postergar para siempre.
Cuando nos
enfrentamos a una tarea compleja tendemos a buscar excusas para postergarla en
lugar de medios para realizarla. Esto nos sucede por temor a los cambios, por
la incomodidad que nos produce su ejecución o por escaparle a un posible
fracaso. Se conoce como “procastización” al fenómeno de postergación crónica de
tareas. Estamos ante este fenómeno cuando notamos que un mismo concepto se
arrastra en nuestra lista de “to do” cada vez que necesitamos pasarla en limpio.
Algunas de las tareas
más propensas a ser víctimas de procastización son las que consideramos
complejas. Se trata de tareas cuya ejecución es muy extensa o que presentan
dificultades para definir un algoritmo de resolución.
Para el caso de
tareas muy extensas es recomendable dividirlas en pequeñas subtareas de modo de ir resolviendo paso a paso. También
es aplicable este método para tareas que son tediosas o nos producen
aburrimiento.
Cuando es complejo
determinar el orden que deberían tener las subtareas es recomendable comenzar
por la parte más difícil, esto contribuye a hacer más llevadera su ejecución.
Por último, es
recomendable no olvidar que cualquier tarea nos implica tomar decisiones. Las
decisiones tienen, en general, un porcentaje de incertidumbre con el que
debemos sintonizar. Recordar que no decidir, también es una decisión.
Existe una situación
conocida como “descuido calculado” que consiste es postergar algo porque
prevemos que se solucionará de manera espontánea. El descuido calculado es una
forma de no decidir porque conocemos la naturaleza de la tarea y sabemos que no
sobrevivirá a las actividades de otra parte de la organización o a las
actividades implícitas en otra tarea ejecutada por nosotros.
El descuido
calculado no es cualquier no-decisión. “Indecidir” implica daños colaterales
siempre evitables y considerablemente mayores al de tomar una decisión en
tiempo y forma.
Gerardo Damián Amado
Licenciado en Marketing




