La decisión es una de las acciones más importantes que nos
definen. Decidimos todo el tiempo, muchas veces en el día. Algunas decisiones
son acciones, algunas otras son no-acciones. Trazan nuestro destino y definen
luego de ese trazado nuestras posibilidades de decisión futuras. En este
contexto, me animo a decir, que gobiernan un 96 o 97% de nuestro destino. El
otro 4 o 3% es la suerte.
Cuando escucho a una persona comentar “no tengo suerte”
generalmente ese comentario viene precedido de una serie de decisiones mal
tomadas que ni siquiera se expresan de una manera concienzuda. Se enumeran como
si un “ello” hubiese ejecutado las acciones. “Pasó que se rompió tal cosa”. “Se
acabó tal otra” “Justo se dió que….” Cuando en realidad la “tal cosa” que “se
rompió” no fue mantenida adecuadamente, nunca se revisó la disponibilidad de
“tal otra” y lo que “se dió” podía anticiparse sobradamente.
Tomar decisiones no es algo sencillo. Suele requerir datos
organizados, información, y cierta habilidad para intuir lo que no puede verse.
Es un terreno donde gozamos de la conciencia de la información y donde nos
abandonamos al destino de lo desconocido.
El éxito no puede tener una receta, menos aún en el caso de
las decisiones pero como en el caso de los tratamientos médicos puede tenerse
un protocolo o secuencia de trabajo.
La nota de hoy, es sobre algunos de los modelos de decisión
que pueden aportar a nuestro día a día.
Ponderación numérica.
Poner situaciones en términos numéricos permite muchas veces
definir cuál es el grado de importancia que se le asigna a cada opción.
Es más sencillo comparar números del 1 al 10 que conceptos.
Lo importante y lo
urgente
Eisenhower decía que rara vez lo importante es también
urgente. Antes de tomar decisiones es conveniente definir su secuencia de
ejecución. Clasificar las decisiones en
términos de su importancia y su urgencia nos permite determinar qué ejecutar
inmediatamente, qué postergar, qué programar y qué delegar.
Decisiones tardías y
precoces
Elegir el momento apropiado para ejecutar la toma de
decisiones es un arte, ya que con el correr de las horas la información es más
rica, la incertidumbre se reduce pero el beneficio de su implementación
también. En mi criterio, a medida que pasa el tiempo la decisión toma un valor
mucho menor. No decidir, es una decisión que puede confundir mucho a su equipo.
Si no reúne suficiente información es conveniente comunicarlo y definir fechas
límite para efectuar el “salto de fé”.
Demonización de
opciones
Cuando decidimos entre dos situaciones generalmente tendemos
a hacer un listado de PRO´s y CONTRA´s, sin embargo, el considerar una
característica como una “CONTRA” implica una demonización de la misma. Existe
un modelo conocido como “modelo de la banda elástica” que propone el utilizar
el concepto de “qué me ata” vs “qué me impulsa”. Esta manera de enfocar la
decisión reduce la posibilidad de que una cuestión perceptual afecte nuestro
juicio.
Resumen
Independientemente de los modelos con los que contemos para
sistematizar nuestras decisiones, se trata de un proceso que depende de nuestra
capacidad de superar los miedos. Establecer una anatomía de situación y poder
desglosar el problema en partes, es un ejercicio que debemos incorporar y
practicar ante cada situación emergente.
Gerardo Damián Amado
Licenciado en Marketing






Qué bárbaro! Me querés decir de dónde sacás estas fotos tan buenas?
ResponderEliminarEs cierto: siempre estamos decidiendo, hasta por omisión. Que no hay que confundir con que nosotros tengamos el control de todo todo el tiempo (la tentación de omnipotencia, o de creer que "siempre tengo absolutamente todo bajo control" viene de Adán y Eva...).
También pensaba en que hay que hacer el ejercicio de "soltar": digo, porque a veces uno planea y se pone un objetivo y cree que haciendo A+B+C va a dar por resultado D... cuando tal vez salga una G. Desde lo más trascendente de la vida hasta lo más simple, como cuando me pierdo el colectivo en la nariz (puteada larga) y resulta que un minuto después me subo a uno en el que viajo sentada (a diferencia del que perdí), y cómodamente veo por la ventanilla que sobrepasamos al que había perdido. O que llego para un momento exacto de algo, que de la otra forma me hubiera pasado por alto.
Su blog es una ballesta que tira millardos de flechas que se multiplican en otras tantas de ideas y siguen rebotando hasta el infinito. Gracias!
Ojalá fuera el fotógrafo de tan buenas imágenes...
ResponderEliminarInteresante diferencia planteada entre decidir siempre y controlar siempre.
Creo que está bueno decidir sobre uno mismo, sobre nuestras acciones. Cuando tratamos de cambiar a las personas o entornos es cuando se generan ansiedades propias de querer "controlar" cuestiones que escapan a nuestro territorio.
Sin entrar en disertaciones religiosas creo que quién sea que haya diseñado todo debe tener un plan bastante pormenorizado de las cosas, bastante "redondito" y es lo que percibimos cuando ocurren estas fortunas que describís con el ejemplo del colectivo.
Gracias por la lectura del blog y por los comentarios nutritivos.